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16 NOV

Pensamientos para mí mismo, Marco Aurelio, Errata Naturae

Un libro para dominarse a sí mismo y no arrebatarse por nada, un libro para leer y mantenernos serenos en medio de la tempestad
Pensamientos para mí mismo, Marco Aurelio, Errata Naturae

El viernes fue el mejor Día de las Librerías que he vivido en mucho tiempo.

No sólo por las ventas, que también, sino porque en todo momento estuve acompañado por los lectores de la Nobel.

Tanto que, en algún momento tuve que avisar de la restricción del aforo y pedir que, por favor, esperaran un poco o volvieran un poquito más tarde.

Eso, en una librería es algo difícil de ver salvo en la Feria del Libro o en Navidad.

Poco más.

Y es un motivo de alegría comprobar como pese a la pandemia hemos conseguido, tú y yo, hacer de ésta librería un lugar al que gusta ir y en el que gusta estar.

Lo digo yo, pero también me lo dices tú cuando vienes por aquí o cuando hablamos por carta, Whatsapp, Facebook o Instagram.

No me refiero sólo al espacio físico. Me refiero sobre todo a esta comunidad, a esta tribu lectora que se ha ido creando, así, sin pretenderlo, poco a poco, con la naturalidad con la que nacen las cosas bonitas.

Yo te cuento mis cosas por aquí, te cuento algo sobre libros, sobre cosas que pasan en la librería, o sobre las lecturas que los Nobeleros y Nobeleras con B, hacen de las novedades, y te ofrezco que compres aquellos que merecen la pena.

Por tu parte, y esto es lo grande, me respondes y me preguntas dudas sobre éste o aquel libro, sobre cómo conseguir que tu niño, al que ya no reconoces porque unos días es niño y otros hombre, siga leyendo.

Podría, y algún día lo haré, contarte lo que los lectores de la Nobel estáis haciendo de manera desinteresada por la Librería.

Por ponerte el ejemplo más reciente, Maribel Úbeda, a quien ya conoces como Nobelera con B, resulta que tiene una productora audio visual, entre otras mil actividades y me sorprendió con un regalo maravilloso.

Me propuso regalarme un vídeo para celebrar el Día de las Librerías.

Casi nada...

Yo le dije que sí, claro, que lo que ella quisiera. Luego Maribel, como ya me conoce y sabe que me cuesta organizarme, me ha estado persiguiendo, literalmente pero de buen rollo, hasta que conseguimos quedar un día para medir la luz, el sonido, el ambiente, y otro día ya para grabar.

En fin, todo lo que hace falta para que un vídeo quede tan bien como ha quedado éste que te pego en el enlace: https://fb.watch/1NiVlcpUtl/

Otro regalo me lo hizo una persona con la que me unen muchos lazos además de la lectura.

Manuel López Muñoz es catedrático de Filología Latina en la Universidad de Almería, pero sobre todo y antes de esto, es un hombre libre, fiel a sus amigos y a las personas, cuando son virtuosas.

Manuel me escribió y quiso compartir su lectura de una edición preciosa de la obra de Marco Aurelio, Pensamientos para mí mismo, de la editorial Errata naturae, traducida por Joaquín Delgado e ilustraciones de Scott Pennor.

Te dejo con ella.

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Hace casi 1900 años, en abril del año 121, Roma vio nacer a Marco Anio Catilio Severo, hijo de Marco Anio Vero, natural de la actual Espejo, en Córdoba. Siendo todavía casi un adolescente, al joven Marco lo llamaba “verissimus” el Emperador Adriano. Es un fácil juego de palabras que significa tanto “el más sincero” como “el más Vero de todos los Veros”. Antes de morir, Adriano ordenó a Antonino Pío, su heredero, que nombrara siguientes sucesores a aquel muchacho (ahora se llamaba Marco Elio Aurelio Vero) y a otro chaval igualmente prometedor, llamado Lucio Vero. A la muerte de Antonino, Marco, que era el mayor de los dos, aceptó ser Emperador solo si se le permitía compartir el cargo con Lucio. Así, en marzo de 161, comenzaron los casi veinte años de gobierno de quien pasó a la Historia como el Emperador Sabio o el Emperador Filósofo: Marco Aurelio.

Aquel “verissimus”, el que había exigido no tener el poder absoluto de los Césares, fue desde muy pequeño educado en la filosofía estoica. No hablo de una asignatura, como ahora, sino de un modo de vivir, pensar y hacer. Para los estoicos, la obligación de cada cual es intentar alcanzar la sabiduría para llegar a la felicidad suprema. El sabio, según ellos, no huye del mundo, sino de las pasiones; tiene arrebatos, pero sabe controlarse y mantener la calma; no se retira a meditar, sino que pone sus capacidades al servicio de sus conciudadanos; no aspira a una vida eterna ni a una recompensa tras la muerte, sino a hacer el bien por amor al bien mismo sabiendo que somos solo un puñado de átomos que hoy están unidos y mañana pueden haberse disuelto.

Me gusta mucho cómo el actor Richard Harris interpretó la figura de este Emperador en la película “Gladiator” (Ridley Scott, 2000): siendo el hombre más poderoso del mundo, sus ojos tenían el brillo y la profundidad de quien no ha llegado a creérselo, una mirada entre lejana y triste, la de alguien que, en lo más profundo de su ser, se sabe obligado a actuar y a hacer cosas que desaparecerán junto con su propia existencia. Es la mirada de un triunfador seguro de no serlo.

Desde luego, razones había: mantuvo constantes guerras para defender las fronteras del Imperio sabiendo, creo yo, que ya había empezado la decadencia, tuvo que sofocar la sublevación de uno de sus mejores generales y vio morir a su colega Lucio Vero, víctima de la enorme pandemia que arrasó la Europa de entonces y quizá marcó el inicio de una crisis social y económica de la que el Imperio nunca llegó a recobrarse. ¡Cómo no iba a tener aquella mirada quien sabía que estaba obligado a pelear a muerte en un combate perdido!

Buena parte del pensamiento de Marco Aurelio se puede ver en la obra que muchos han denominado Meditaciones, una recopilación de pensamientos, una especie de diálogo interior en el que deja guardadas unas notas para sí mismo. Precisamente, Para sí mismo es el nombre con el que se conocen sus escritos en la Antigüedad y el que mantiene el traductor: τὰ ἐις ἑαυτόν. Si, el Emperador de Roma escribía en griego en la intimidad.

Vivimos tiempos de zozobra: igual que a aquella Roma de hace casi dos milenios, una pandemia nos está destrozando en cuerpo y alma, no vemos con claridad en qué va a acabar todo esto y, por si fuera poco, nos rodean los bárbaros con sus memes y sus bulos, dispuestos a hacernos perder la calma para desatar el caos o, al menos, para que alguien les haga caso. Me parecen momentos perfectos para volver a Marco Aurelio y aprender a su lado cómo mantenernos serenos en medio de la tempestad.

A modo de ejemplo de lo que les digo, les copio un pasaje (Pensamientos… I, XV) en el que nos cuenta el Emperador qué le enseñó uno de sus primeros maestros, el filósofo Máximo:

“… dominarse a sí mismo y no arrebatarse por nada.

Soportar con valor las enfermedades, así como cualquier otro accidente.

Tener siempre un carácter estable, bondadoso y recto al mismo tiempo.

Llevar a cabo todas las ocupaciones sin quejarse nunca de tener demasiadas.

Ganarse la confianza de todos al hacer ver que las palabras responden a los pensamientos y que con las acciones se procede sin mala fe.”

Casi el primer día que pudimos salir del confinamiento de la primavera, me fui a la Librería Nobel y, después de darle un fuerte abrazo con la mirada, le compré al amigo Rafa la traducción de Marco Aurelio hecha por Joaquín Delgado. Hay muchas, pero esta me pareció elegante por su aspecto y contenido: una sobria y cuidada edición en pasta dura que alberga una versión española correcta y, sobre todo entendible. No es poca cosa: unos traductores son tan elegantes que acuchillan el texto original; otros, tan precisos que desaniman al lector actual.

Creo que el autor de esta traducción logra mantenerse en el término medio y eso debo señalarlo.

Podría seguir y darles más pasajes de los pensamientos de Marco Aurelio para que los disfruten, pero prefiero pedirles que hagan otra cosa distinta: anímense, cómprenle el libro a Rafa y, ya en casa, cojan un lápiz y léanlo llenándolo de notas, subrayados y pensamientos que les vaya provocando. Hablen con el Emperador: seguro que disfrutarán.

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Para hablar con Marco Aurelio, de sus cosas y de las tuyas, en el enlace de abajo lo tienes fácil.

https://www.lanobel.com/libro/pensamientos-para-mi-mismo_513636

 

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