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12 NOV

Ellas Hablan, Miriam Toews, Sexto Piso

"Ellas Hablan" es una novela imprescindible para los tiempos que corren. Una novela de mujeres que deberían leer todos los hombres. Y las mujeres, claro.
Ellas Hablan, Miriam Toews, Sexto Piso

Tres opciones:

a. “No hacer nada”

b. “Quedarse y luchar”

c. “Irse”

 

Este es el punto de inicio de la cruel historia vivida por ocho mujeres en la remota colonia menonita de Molotschna. Unas extrañas agresiones que suceden de noche. Niñas y mujeres violadas y maltratadas desde 2005 durante su sueño, en lo que al principio parece ser obra de ocho fantasmas, o de ocho demonios, o del mismo Satán, como castigo hacia ellas por sus numerosos pecados.

 

Pero una noche se descubre que no hay nada sobrenatural en estos actos, sino que son obra de ocho hombres de Molotchna.

 

¿Qué hacer?

 

Tres opciones y una asamblea secreta celebrada durante los días 6 y 7 de junio de 2009 que determinará cuál será el destino de sus vidas.

 

Con tal planteamiento inicial era necesario que para hablar de la obra de esta autora canadiense, se me ocurriera casi obligatoriamente aludir a cuestiones de patriarcado, de injusticia, de desigualdad, de machismo y violencia, de discriminación, de sumisión, de no consentimiento.

 

De todo lo que día a día, desde el aula, en medio de dictados, versos, gramática y sintaxis, algunas (y algunos) entre quienes me encuentro, intentamos combatir a través del diálogo, el respeto, la argumentación, el juicio crítico, y, por encima de todo, desde el sentido común.

 

Dicho todo esto, no voy a centrarme en la tragedia de la historia, en lo que no funciona bien. Me centraré en lo que sí, en aquello que provoca esperanza y suscita el cambio, y, para eso, es imprescindible hablar de las dos familias protagonistas: las Loewen y las Friesen.

 

Ante la magnitud de los acontecimientos de los que son víctimas sin remedio en sus horas nocturnas, Ona, Greta, Mariche, Autje, Mejal, Salome, Neitje y Agata deciden convocar una asamblea en ausencia de los hombres y decidir qué deben hacer al respecto. Lo harán por ellas, pero también por el futuro de sus hijos y por el deseo de que algo cambie en una estructura jerarquizada y anticuada que dista mucho de lo que entendemos por una sociedad justa, igualitaria, y en la que hombres y mujeres tengan los mismos derechos y deberes.

 

Todo así contado, puede parecer más de lo mismo, pero lo cierto es que Miriam consigue meternos de lleno en la psicología y sabiduría, a pesar del impuesto analfabetismo que las caracteriza, de todas estas mujeres.

 

De forma absolutamente democrática y en un ejercicio de autocontrol y respeto mutuo, sus argumentos nos llegan a través de las actas que recogen por escrito todo lo que se habla y argumenta durante los dos días de asamblea.

 

¿Pero cómo redactar estos acuerdos siendo analfabetas?

 

¿Cómo dejar constancia de todo si se les ha negado el derecho a recibir una educación y su papel como mujeres dentro del mundo menonita es otro?

 

Todo esto es posible gracias a August Epp, entrañable y generoso secretario de todas ellas y cuya misión será recoger por escrito lo que digan, al tiempo que irá descubriéndonos poco a poco cómo fue su infancia, y cómo son sus días ahora, en una sociedad patriarcal y junto a esas mujeres, para las que sus manos tendrán un papel tan crucial.

 

August sin lugar a dudas tiene la función más importante de todas: ayudarlas siendo testigo casi mudo de todo cuanto se dice, se debate y se plantea, como el neutral moderador de un debate.

 

Respetando la diversidad de opiniones, de personalidades y de convicciones que cada una expone, August toma nota de todo, siendo una voz invisible materializada en el papel, transcribiendo cada diálogo de la asamblea, cada palabra, y, al mismo tiempo, manifestando su profunda fe y esperanza en ellas.

 

A lo largo del relato descubriremos también, que su biografía está cargada de sorpresas y que el amor hacia una de ellas es lo que aviva e impulsa en este caso la gran labor que realiza durante estos días de reunión.

 

Así, de una forma bastante original, abordando la narración desde un punto de vista masculino para hablar de ellas, avanzando en la trama mediante la transcripción de los diálogos, nos relata Miriam las diferentes vidas y verdades que rodean a las mujeres de Molotschna, un lugar en el que el tiempo es eterno.

 

Un lugar en el que los conceptos a menudo se nombran con signos lingüísticos muy peculiares, distintos…tanto, que para referirse a la idea de “violador” se prefiere utilizar un eufemismo tan poco apropiado como el de “visitante inoportuno”.

 

Un lugar en el que unas prefieren quedarse argumentando que “la única certidumbre que conoceremos es la incertidumbre”. Una frase que otras, como Ona, protagonista indiscutible dentro de este elenco de personalidades, prefiere completar con algo tan rotundo como esto: “…sin contar la certidumbre del poder del amor”.

 

En definitiva, toda una muestra del pensamiento colectivo -e individual- de unas mujeres educadas en una serie de valores en torno al pacifismo y a la Biblia, y que irán manifestando sus pareceres y arguyendo un sinfín de razones que demuestran que por mucho que sus vidas se encuentren relegadas a una situación tan injusta, nadie les podrá prohibir nunca el derecho a pensar.

 

Mujeres que se plantean un cambio, una reeducación de sus hombres e hijos y una búsqueda de libertad que vaya más allá de lo establecido; que se cuestionan el porqué de las cosas, la voluntad divina, qué es ser buena esposa o madre; qué es, en definitiva, ser mujer.

 

Y todo esto, sin olvidar nunca el sentido del humor que desprenden en ocasiones las actas de August y que tanta falta hace en general en la vida.

 

Regreso al inicio para terminar.

 

Y acabaré diciendo que la lectura de obras como esta, desde mi punto de vista, es imprescindible siempre, pero sobre todo ahora, y, de forma más concreta, en adolescentes.

 

Lamentablemente sabemos que, a pesar de estar en el año que estamos, se vuelven a repetir patrones de comportamiento propios del Paleolítico, en una sociedad más joven y, en principio, más avanzada que la de Molostchna.

 

Y es que, por desgracia, estas actitudes hacia la mujer no distan mucho de los abusos que sufrieron las protagonistas del relato. No es mi intención generalizar ni tampoco utilizar el texto para hablar de feminismo, pero siento, una vez terminada esta lectura, que a lo largo de sus páginas mi cabeza llega casi de forma inconsciente al tema.

 

Eso, creo, no deja de ser otro golpe maestro de la autora. Porque la literatura puede y debe tener también esa función reivindicativa y suscitarnos la necesidad de replantearnos un cambio.

 

Y si, como yo, crees que el cambio es posible, no dejes de leerla.

 

Si hay algo que ahora habita en mí, y que me ha hecho sentir el viaje por estas páginas es, sin duda, un poco más de esperanza. La esperanza que me ha dado MIriam Toews en su libro "Ellas Hablan", editada por Sexto Piso.

 

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Igual es el libro que te apetece leer. O igual no.

 

Desde luego tiene una pintaza tremenda y la reseña de Ana Villegas para La Nobel me ha dejado con ganas de saber más

 

¿Qué harán las mujeres de la novela? ¿Van a vengarse con violencia?, ¿Van a perdonar como les pide su obispo? ¿Se irán y no mirarán atrás?

 

La solución, como siempre, en el libro.

 

Lo puedes encontrar en en el enlace, Abajo.

 

https://www.lanobel.com/libro/ellas-hablan_538884

 

P.D Miriam Toews, la autora, sabe de lo que escribe. Se crio en una comunidad menonita y aunque no pasó el calvario que estas pobres mujeres sufrieron, quiso contar esta historia basada en los hechos que sucedieron en una comunidad menonita boliviana. Ya sabes, arriba en el enlace la puedes comprar. Arriba :-)

 

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